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| Perfil de Pablo Aimar |
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| Quienes tuvieron la inmensa fortuna de asistir al primer entrenamiento de Pablo Aimar con el plantel profesional de River difícilmente olvidarán lo que aquel día sucedió en el coqueto barrio de Núñez. El ‘pibito’ de Río Cuarto, a quien Ramón Díaz seguía con lupa desde hacía tiempo, fue requerido por el técnico riverplatense para completar el equipo de suplentes que iban a disputar un partidillo con los titulares de la Banda Sangre.
El ‘Cai’, uno de sus apodos, la estaba rompiendo con la reserva de River, así que la expectación entre los Francescoli, Ortega, Astrada, Burgos y demás estrellas millonarias por conocer a ese insolente jovenzuelo de apenas 16 años, que parecía tener un imán inserto en su botin derecho que hacía imposible rebañarle el cuero. A Ricardo Altamirano, uno de los pesos pesados del vestuario de Núñez, le picaba tanto la curiosidad por saber si lo que contaban de Aimar era cierto que se avalanzó sobre la figura de seda del enganchecordobés cuando éste recibió su primer balón.
El ‘negro’ fue con todo a por Aimar, que estaba de espaldas y no podía ver al inmenso y veterano central dispuesto a pasar cual ‘trailer’ sobre el flacucho juvenil. Nadie supo cómo, pero Aimar agarró el balón a la velocidad de un cohete y, cabalgando sobre el césped, le hizo una finta imposible a Altamirano, que se dio de bruces con el suelo, mientras Aimar ya armaba con su peculiar estilo el ataque de su equipo. Las carcajadas por aquella fastuosa gambeta fueron tales que el ‘negro’ Altamirano, herido en su orgullo, se pasó todo el entrenamiento persiguiendo los tobillos del novato. No hubo forma de ‘cazarle’. Aimar siempre conseguía darle esquinazo con un sutil movimiento de cintura o con un requiebro tan elegante como sencillo, que arrancaba los siemprevivas de los escasos aficionados que empezaban de a poco a dar crédito a los que sus ojos veían.
Al día siguiente, toda la Buenos Aires millonaria , ya sabía que Francescol itenía el relevo asegurado en el Monumental. La carrerade Pablo César Aimar, un sencillo e introvertido pibe que abandonó su Río Cuarto natal a los 14 añosn contra su voluntad, comenzaba a tomar forma. En el barrio de Núñez sabían desde el principio que aquel diminuto pibe con cintura de trapito y carita de clown llegaría lejos, muy lejos. Por eso fue que el mismísimo Daniel Pasarella, siendo aún técnico del ‘millo’, se tomó la molestia de telefonear al hogar cordobés de los Aimar para pedirles que le convencieran de que volviera a la capital y aceptara la oferta de River. Y es que el chaval, pese a impartir magisterio con la pelota el día de su prueba con la Banda Sangre, se había vuelto a Río Cuarto convencido de que no tenía nivel para estar allí... y tampoco ganas de estar lejos de su casa y de su amado Estudiantes, el club en el que dio sus primeras patadas y con el que impuso una dictadura irrebatible en el balompié infantil de su provincia. Pablo César, llamado así por su padre en homenaje de Menotti, que acababa de conquistar para Argentina el Mundial Sub-20 de Japón cuando la futura estrella de River vio la luz, se dejó convencer y aceptó embarcarse en la aventura del fútbol. Aimar pasó un verdadero calvario, alejado del cariño de sus seres queridos, pero acabó sorteando los obstáculos que el destino le iba lanzando con ese innato gracejo que Dios le había dado para romper las cinturas rivales. Ramón Diáz le hizo debutar en el Torneo Apertura del 96, frente a Colón de Santa Fé, a los 16 años. El ‘Pelado’ quería probarle, ver cómo se desenvolvía un ratito entre los profesionales. La prueba, pese a la derrota, fue más que positiva, y sobre todo sirvió para convencer al técnico riojano que el ‘Cai’ era un diamante en bruto al que había que pulir con calma, sin prisas. River no tenía necesidad entonces de quemar todas sus naves, dado que el primer equipo contaba aún con el Enzo, Gallardo, Ortega, Gancedo y Solari para hacer el enganche con el ataque. Ese fue el motivo por el que Aimar desapareció del mapa durante año y medio.
El media punta cordobés no perdió el tiempo. Ni mucho menos. Su talento y su genio se fue forjando en las inferiores de la selección. José Pékerman lo juntó a Riquelme para comandar al equipo Sub-20 que se dio un festín en el Sudamericano de Chile, en febrero del 97. Nadie osó discutirle el premio al mejor jugador del torneo. Allí, al pie de los Andes, fue donde un periodista argentino le bautizó como el ‘Payaso’, porque verle jugar al fútbol era sinónimo de diversión. Y cómo se reía la gente viéndole encarar a los defensas y regalando asistencias de ensueño. Unos meses más tarde, en la lejana Malasia, Aimar y su socio boquense llevaban a la albiceleste a conquistar su segundo Mundial consecutivo de la categoría, derrotando a Uruguay en la final. Allí, el ‘payaso’, apodo que Pablito detesta con todas sus fuerzas, volvió a ser el mejor, aunque el ‘Balón de Oro’ recayera en el sevillista Olivera. Para el recuerdo quedará su antológico gol ante Inglaterra, en Johor Bahru. Hasta Michael Owen, que a última hora se había subido al tren de los sajones, no pudo reprimir felicitarle por su prodigioso zigzagueo dejando tirados por el camino a cuantos adversarios le salieron al paso, para acabar definiendo con su
lapicera diestra, ajustando con suma dulzura el cuero al palo derecho del marco inglés. Aimar aún no era mayor de edad (17 años), pero ya se había doctorado en fútbol en tierras asiáticas. Ahora sólo restaba ponerse la chistera en su tierra y certificar los numerosos elogios que le catalogaban como el mejor juvenil argentino surgido después del irrepetible Maradona.
El adiós de Francescoli y el posterior traspaso del Ortega al Valencia ¡qué curiosidad!, le dieron de la noche a la mañana las riendas del ataque riverplatense. Ramón Díaz lo lanzó al ruedo del Monumental sabedor de que su joven protegido tenía talento de sobra para cubrir el hueco del ‘príncipe’ y del ‘burrito’ juntos. El astro uruguayo también estaba convencido de ello, de ahí que le diera la alternativa públicamente. Francescoli dijo de Aimar que “es un jugador diferente, siempre va un segundo por delante de los demás.Tirarle al piso es una tarea casi imposible para sus marcadores. Estoy seguro de que triunfará con la camiseta de River”. Las palabras del ‘príncipe’ fueron proféticas. Las finísimas piernas de Aimar hacían diabluras y su inveterada verticalidad y rapidez eran celebradas con algarabía por la hinchada millonaria. El año 98 fue inolvidable para el ‘payaso’. Tanto que Maradona llegó a decir que “de los jugadores argentinos actuales el que más me gusta es Aimar. Es desequilibrante”. Palabra de Diego.
| Perfil de Pablo Aimar | | | Nombre: | Pablo Aimar | | Nombre Completo: | Pablo Cesar Aimar | | Apodos: | Payaso, Cai, Mago, Pibe | | Club: | Valencia CF (España) | | Altura: | 1,70 m | | Peso: | 62 Kg | | Nacionalidad: | Argentina | | Fecha de Nacimiento: | 03/11/1979 | | Lugar de Nacimiento: | Rio Cuarto (Cordoba) - Argentina | | Trayectoria (Clubes): | River Plate (Argentina), Valencia CF (España) | | |
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